Antes de acariciarme, ella será bañada por mi filosofía. Se enterará de lo burda que es la vida. Es tan absurda y estúpida que no le importará si nos olvidamos de que somos personas. Entonces, seremos como animales y cogeremos como simples animales. Estaremos tan excitados que nada nunca antes nos habrá parecido tan salvaje y placentero. Viviremos para dar y recibir placer. Encontraremos la felicidad, y esta no tendrá dependencias. Seremos tan felices que nuestra felicidad contagiará felicidad. Lograremos todas nuestras metas. La vida es aleatoria y nosotros somos afortunados. Habremos sido tan afortunados que el día de nuestro entierro nos habrán colocado las más hermosas flores y nuestro ataúd será una pieza histórica. Así es, pasaremos a la historia. Miles de generaciones divulgarán nuestros nombres. Tan conocidos seremos que incluso muertos seremos fantásticos. Pasarán millones de años, y así como nosotros, la humanidad se extinguirá, la Tierra desparecerá pero nuestra felicidad perdurará en las partículas de polvo que el viento agitará por allí. El universo se renovará. Dará fruto a nueva vida. El hombre y mujer volverán a surgir tan perfectos como nosotros, porque el universo siempre nos tuvo en cuenta. Entonces estos se olvidarán de que son personas y se convertirán en simples animales, follarán como simples animales.
Fabián Orccón

"Lo que nos hace iguales es que todos somos diferentes"
— Fabián Orccón
"La vida es aleatoria"
— Fabián Orccón

Este estilo es una mezcla medio hipster y funky. Creado en Inkscape por Fabián Orccón. Inspirado en el estilo de Joe Vasconcellos y Anthony Kiedis.

El carro regresaba a la ciudad de Huaraz. Todo habría estado totalmente obscuro si no hubiera sido por las luces que el carro emitía. Mi hermana se sentía mal, por lo que el carro tuvo que parar. Iba a vomitar. Salió a la carretera por la puerta derecha; yo me quedé en el auto contemplando el magnífico cielo estrellado desde la ventana izquierda. De pronto, pasa un rayito de luz rápidamente. ¿Estrella fugaz? “Quiero conseguirme una flaca”. Meses después yo me habría convertido en lo que muchos llaman como “artista de seducción”. No creo que lo sea, pero estoy en buen camino. Me temo, sin embargo, que lo de la estrella no es más que pura coincidencia.

Nueve años atrás, mi papá me dijo que Bill Gates era el hombre más rico del mundo. Quería ser cómo el. Él siguió una carrera enfocada al mundo de las computadoras, así que yo debía aprender de ello para ser millonario (o eso fue lo que pensé). Mi habilidad con estos aparatos muy populares del siglo XXI se desarrolló más de lo usual para ser un niño. Y se fue desarrollando más a lo largo de mi adolescencia. Pero ello no fue gratuito, me costó el distanciamento (no total) de mis amigos, de las fiestas, de las reuniones y de otros tipos de diversión. No me arrepiento de ello, porque he aprendido bastante, pero principalmente he aprendido a aprender.

El camino de la seducción es un mundo maravilloso. Va más allá de conquistar mujeres. Cuando entras a este mundo, notas que eres más expresivo, te desenvuelves más fácil, eres más descarado y más tú mismo. Te sientes único. Sabes que no hay límites: tal vez puedes fallar un día pero al día siguiente te puede ir mejor. Aprendes de tus errores y hasta te ríes locamente de ellos. Exploras la vida y el mundo al máximo, no te conformas con lo que ya tienes. Sino que siempre apuntas a divertirte ya sea tú solo o junto a ellas. No contaré como me metí a esto. Solo diré que TOMÉ ACCIÓN, ARRIESGAR y ser PERSISTENTE.

El mundo de la riqueza parece ser muy similar al de la seducción. He sacado esta idea luego de estar leyendo “Padre Rico, Padre Pobre” de Robert Kiyosaki. Según este libro, la mayoría de la gente pobre sigue siendo pobre y la gente de clase media sigue luchando por sus obligaciones por temor a perder lo que ya tienen. Tienen, según ellos, una vida asegurada con el sueldo que ganan. ¿Por qué no ponen una empresa? Porque es posible que pierdan. El miedo a perder lo que ya tienen les impide avanzar. No se arriesgan. Ser rico no es cosa de unos meses. Es probable que caigas en el intento, pero lo que marca la diferencia es la persistencia, ello trae muy buena recompensa.

Hay muchos casos de ricos que ni siquiera terminaron la universidad. Están ahí por ejemplo Steve Jobs o Mark Zuckerberg. ¿Es necesario la universidad para ser rico o solo para aprender? La experiencia como autodidacta me ha enseñado que no es necesario de una universidad para aprender: como mencioné en líneas anteriores, aprendí a aprender. No creo que la universidad te haga rico, pero te asegura, al menos a corto plazo, una vida estable. El tiempo es importante para mí, porque me gusta vivir mi vida al máximo. No me gusta estar sentado dos horas en la universidad escuchando una materia que no me gusta. Lo hago, pero… no me gusta.

Ya soy un hombre feliz. No tengo todo lo que espero, pero sé que lo tendré: estoy seguro de ello y además estoy empezando a trabajar para conseguirlo. Siempre busco mejorar y aprender nuevas cosas. Me gustaría saber de fotografía y cámara. Me imagino tomando fotos a modelos. No por el hecho de ver chicas lindas, sino porque para mí es un arte, aunque tengo la habilidad para probar qué más podría pasar. Uno de mis planes es construir una empresa que me genere buenos ingresos. Esto sería mejor si se da antes de terminar la universidad, pues así podría darme el lujo de dejarla. Eso me daría más tiempo para invertir en nuevos proyectos. Pienso convertirme en un maestro de la seducción. Es un camino largo, pero quedan muchos años a mi vida, así que es posible. Tal vez me gustaría dedicarme a alguna actividad artística en mis tiempos libres. Yo no puedo saber como será mi futuro, pero si puedo imaginar como quiero que sea, entonces puedo trabajar para que así sea.

Hay un tipo que sale todas las noches.
Camina bailando, mira al cielo y sigue bailando.
Él conoce a todos.
Todos no lo conocen.
Tiene amigos y enemigos.
Pero su mejor amigo es la diversión.
Nada es imposible.
Los faroles le sonríen.
El frío lo ama.
El calor le acaricia.
Se escucha un grito.
La calle es su casa, su escenario.
Sus gritos se convierten en melodías.
Ve una flor. Le gusta.
Se acerca.
Con sutileza la toma y se marcha.
La noche cae y amanece.
El día es amarillo.
Y el tipo ya no camina; corre.
No baila, salta.
No se divierte, explota de alegría.

TECHNICOLOR. Diseño creado por Fabián Orccón para ÁTICO PUCP TECHNICOLOR. Diseño creado por Fabián Orccón para ÁTICO PUCP

TECHNICOLOR. Diseño creado por Fabián Orccón para ÁTICO PUCP

Cuando tenía tres años, mis padres compraron una nueva casa. Yo vivía en la casa de mis abuelos en ese entonces, pero me tuve que me mudar. Apenas recuerdo como lucía la casa en la que vivo actualmente cuando mi familia y yo empezamos a vivir allí, pues luego fue remodelada. Durante esos arreglos que se hacían a la casa en el primer piso, tuvimos que dormir en un cuarto grande que estaba en el segundo piso. En esa habitación donde mis padres y yo dormíamos temporalmente, había una ventana tan grande que se abría hacia la parte trasera de la casa y dejaba ver los grandes árboles de la casa vecina. Por eso, la taparon con una lámina de triplay. Sin embargo, la ventana no estaba tapada del todo: había unas pequeñas aberturas que dejaban pasar la opaca luz de la noche. Dormía en una cuna que estaba pegada al lado de la ventana. Y en las noches, por esa abertura de la ventana se proyectaba una sombra enorme en el techo que se movía. Yo creía que era un monstruo o algo que de alguna manera me mataría cuando caiga dormido. La sombra en el techo me aterraba.

Me gusta la noche. Salir ahi por las calles de Miraflores en la madrugada, escuchar música con los audífonos enganchados a mis orejas o, mejor, cantar melodías de ‘En la ciudad de la furia’ de Soda Stereo tan alto como para que la gente me escuche. Solía ser una persona muy supersticiosa. Cuando daba un examen y salía bien entonces para el siguiente examen trataba de buscar sentarme en ese lugar donde me senté la última vez que lo di. Cuando jugó Perú contra Uruguay, recuerdo que vi el partido solo en mi habitación, porque la última ocasión que vi un encuentro de la selección Perú ganó. Pero ese día perdió.

Tenía aspiraciones medio bohemias para la vida. Quería aventurar, hacer cosas que nadie hace. Sin embargo, no las hacía. Un día cuando estaba de viaje en Huaraz, agueité por la ventana lateral del auto. Todo estaba obscuro, apenas se notaba las plantas como grandes pelusas negras y el cielo maravillosamente estrellado. De pronto, vi una luz en el cielo que se movió tan rápido como una mano agitaría a un látigo.
-¿Qué fue eso?
-Una estrella fugaz- dijo el taxista.
Pensé en un deseo. No pretendí jamás que se vaya a cumplir lo que pida, pero lo pedí como pensando en un “nada pierdo”. Un mes después, estaba viviendo la vida que había pedido.

Mi vida cambió como jamás me habría imaginado que lo haría. Era como estar drogándose, pero no hacerlo. Siento y me sentí con el poder de poder controlar el mundo, que era el dueño de este. Cualquier cosa mala que me pasase de verdad no me importaba, porque sabía que en una siguiente ocasión me iría mejor. Tengo el control. Luego me empecé a preguntar si habría sido esa estrella fugaz la que me hizo cambiar. Concluí finalmente que no. Era absurdo atribuir mis méritos a objetos inertes. Todo lo debo a mí mismo, cualquier cosa que pase en mi vida o no es debido a mis decisiones. Como dice Gustavo Cerati en ‘El rito’: “Nada es casualidad”.

Las tres luces.

Web Analytics